Reportaje: Black Metal [2da Parte]

• Valentín Navarro

SUBGÉNEROS

“El black metal es un género dado a producir muchos subgéneros. Muchos de ellos sólo se diferencian en el tema de las letras de las canciones, mientras que otros, en cambio, se diferencian en la estructura o en la instrumentación. A veces resulta difícil clasificar una banda dentro de un subgénero y suele ser catalogada en varios. Por eso la “categorización” del black metal (su división en subgéneros) es rechazada por muchos, y expandida en demasía por otros (con la introducción de subgéneros extravagantes). De cualquier forma, los principales subgéneros del black metal serían”:

1. Ambient black metal

También llamado en inglés atmospheric black metal, es un subgénero musical instrumental, caracterizado por un progresivo abandono de la contundencia y crudeza básica del black metal, para evolucionar la escasa melodía del género hacia un sonido ambiental determinado y con ello, desarrollar una atmósfera que, pese a alejarse de las bases del black metal, mantiene una correlación propia con la idea y el sentimiento del género. Principales Bandas del Género: Burzum con su obra maestra Filosofem; Nortt, Algaion, Xasthur o Ildjarn.

Xasthur

2. Black metal melódico

Es un subgénero musical en el que las bandas que lo integran, hacen un black metal del que aumentan su melodía considerablemente. Bandas destacadas: Dissection,Catamenia, Borknagar, Dimmu Borgir, Arthemesia, Chthonic ..

Arthemesia

 3. Black metal sinfónico

Es un subgénero musical del black metal, escasamente definido. Se basa fundamentalmente en la incorporación de teclados, orquestaciones y un acercamiento más melódico, Bandas destacadas del género: Dimmu Borgir, Dragonlord (los cuales también agregan thrash metal a su estilo), Emperor (algunos de sus discos), Diabolical Masquerade, Anorexia Nervosa, Graveworm, Opera IX, Old Man’s Child o Limbonic Art.

Opera IX

BLACK METAL EN MÉXICO

El Black Metal en México no ha sido muy bien aceptado por la sociedad ya que es un país muy religioso, conservador y devoto. Mucha gente ve de fea forma a este genero por sus letras anticristianas y anti moralistas, que abarcan generalmente como el odio, la misantropía, el satanismo, la violencia, el ocultismo, el nihilismo y la guerra.

En México hay bandas muy importantes como: Astral Rebirth, Naastrand, Mordskog, Calvarium Funestus y Ereshkiga entre otras,que han logrado impulsar este género a pesar de todas las adversidades que se han hecho presentes en su camino.

• Calvarium Funestus

El Vocalista Raúl Sinthome Jiménez Betancourt de “Calvarium Funestus”  nos comparte sus ideas respecto al Black Metal:

Para hablar de algo tan abstracto como el Black metal considero pertinente hablar primero de lo que no es. No es lo que se cree que es, es lo que es, y hasta ahí. No hay acceso, nosotros estamos instaurados en la creencia. Para comenzar quiero decirles que lo que estoy plasmando aquí no es más que un delirio, del que culpo directamente a algo que está más allá de mí, un lugar que desconozco y del que sólo puedo restituir ciertas palabras. Palabras muertas que viven en mí y que su propósito es cometer un suicidio, mi alma se vuelve suicida al enunciar lo que propongo como una forma de sentir el Black metal, de ex–sistir en él, y que es precisamente por apuntar hacia la muerte que no deben ser tomadas –y espero que no lo sean- como verdades. Porque lo que es necesario es que alguien pueda decir lo que el Black metal es, considerando que lo que no es o no debe de ser está allí presente, como un soporte que puede ser afirmado por alguna nueva palabra que habrá de morir para ser tomada en cuenta. Y esto, quiero enfatizar, no se trata de una dialéctica donde se llegará a una síntesis (una definición total del Black metal) sino más bien una apertura al vuelo del deseo en cada persona que cargue consigo al Black metal, a ese templo de palabras muertas que lo hace inmortal. El Black metal es un mito, y por lo tanto trae consigo muchas verdades que son, vamos a decirlo así, atemporales. No estamos en el mismo campo que otros géneros (o subgéneros) del metal, porque en el Black metal no hay ni cabeza ni corazón de metal; quizá sea mejor hablar de voz y oídos de Black metal más que de ojos e imagen, el Black metal tomado como mito, o si quieren verlo, como fantasma, impide que llegue a ser definido totalmente por un Otro que aparezca en este caso con la forma de lo que usualmente se llama “tribu urbana”. Por eso mismo, el Black metal al caer totalmente en ese catálogo de significantes, se pierde a mí mismo, cae en el estereotipo, en el dogma, en la repetición continua de palabras que no hacen más que darle vida, es decir, darle tierra o mundo a algo que no está allí del todo. Así se cae en el primer error, creer que el Black metal se observa por la cantidad de discos, de tapes, de vinilos, de conciertos, de años escuchándolo (que deberían importar más cuando se dejan de contar), y que no son más que un contrato con un Otro al que se le pide que destruya al Black metal en nombre de un falso nombre, o sea del inflado yo de los sujetos que se han vuelto expertos en posar, ya sea posar no ser falsos o posar ser verdaderos. A los primeros se les llama trues, a los segundos posers.

Decir algo así como: “Soy metalero, ¿por qué? Porque me encanta el metal”, se pretende que sea también dicho en el Black metal. Es estúpido. Porque para empezar, para el Black metal no se es, no existe el Blackmetalero ni el blacker, excepto que a alguno le guste uno de esos rótulos, y esperemos que sepa por qué. La mayoría como ven, no lo saben. Esto no quiere decir que un metalero no pueda comprender el Black metal (aunque la experiencia nos diga lo contrario), sino que lo puede englobar en su pasión general por el metal. Y ante eso, el Black metal se disuelve por el simple hecho de que ya no es metal-negro, sino metal y pintado –o disfrazado- de negro. Por eso insisto tanto en que no hay que ver al Black metal como un subgénero del metal, aunque lo sea, nunca he dicho que no.

Calvarium Funestus

¿Qué más sucede? Sucede que hay personas que creen que con matar a alguien o quemar alguna iglesia ascenderán en su ¿nivel? de Black metal. Yo les digo: si pueden háganlo, de verdad, pero eso no va a responder a su pregunta. Porque para empezar, ni siquiera se sabe qué se le está preguntando al Otro. No por lograr llevar a lo Real el mito –homicidio, quema de iglesias, etc.- se encontrará la resolución al enigma de lo que es el verdadero Black metal. No hay escapatoria, el Black metal está también en lo simbólico. Y aquí entramos en un nuevo atolladero, ¿por qué entonces usar la indumentaria, las fotos, el corpse-paint? ¿Qué acaso no es sólo una pantalla, una ficción, diríamos, una falsedad? Quizá esta respuesta no sea la que se espera, pero sí, y es porque el Black metal necesita ser actuado para existir, para que ese Real pudiera pasar a palabras tuvo que haber un medio de pasaje (luego hablaré de eso), no por nada, las bandas inmiscuidas en su origen siguen tocando, algunas usan corpse-paint, otras no, pero eso no importa, lo que importa es que se necesita de alguna forma de la “imagen” del Black metal. El problema es cuando la imagen pasa a ser alienante para los ojos hambrientos. Por eso hablar de muertos y palabras muertas me parece una buena metáfora, pues los muertos no comen. Pensemos en ejemplos: Preguntarse “¿qué es más verdadero para tocar Black metal, usar corpse paint o no?” es como tener incertidumbre de si seguir los pasos de Emperor o los de Immortal. Pienso que es una decisión a la que cada quien tiene que llegar de la manera más personal posible. Yo le otorgo mucho valor al corpse-paint, no tanto por su imagen, sino por su huella; una vez que lo usas, lo puedes dejar de usar, pero la huella ya está allí. Puedes traerla a imagen de nuevo y –en lo personal- es una sensación bastante placentera. Empero, el corpse paint no hace al Black metal; puedes usar corpse paint y no estar tocando black metal y viceversa.

El Black metal es un templo de palabras muertas, es una tumba, un espíritu que reencarnamos nosotros los que hoy lo vivimos. Esas palabras muertas marcan algo importante: son una manera de decir que hay algo que es impronunciable en el Black metal. Y esto se relaciona con cualquier arte (pues el Black metal, para mí, es arte, pero quienes lo hacemos no somos artistas) y  nos lleva, en lo que al Black metal concierne, a cargar con cuerpos sin alma, cadáveres, que son en mucha medida lo que nos hace identificarnos con el Black metal. Somos nosotros mismos esas palabras muertas. La meta de una pulsión es inhibida por esencia; sin embargo, en la sublimación hay algo que la lleva más allá. Trata de tocar lo Real. El Black metal tiene su Real, y es precisamente la renegación del mismo, la que crea tantas visiones categóricas de cómo se debe existir en el Black Metal. Por eso, por ejemplo, si hay que le falta  mucho al Death metal y deathmetaleros es muerte (no muerte biológica), y por desgracia eso también ocurre en muchos seguidores del Black metal. ¿A qué me refiero con esto? En pocas palabras, a que están sostenidos fielmente en un pasado vivo. Difícilmente algún true metaller de antaño va a aceptar que una banda nueva sea mejor que una de culto, porque entraría el horror de ver caer la rama donde él mismo está sostenido. Drogas, alcohol, golpes, etc. parecieran ser los mejores ejemplos de no tener miedo a la muerte. Démonos cuenta que no siempre es así.

Existe también cierto miedo a tomar en serio lo que el Black metal no dice; por eso se le puede ver como algo ridículo sin más; Immortal es un gran ejemplo de la ridiculización del Black metal. Aunque vemos que ellos han sabido sacar algo de  provecho de eso. Viéndolo de una manera más profunda, más que reírse por eso que un sistema simbólico nos dice que es gracioso y ridículo, la risa puede decirnos entre líneas que hay una expectativa de que algo de lo que está viendo sea más allá de lo humano; es decir, de lo simbólico. Que no tenga errores, que sea impecable, que la imagen de la “maldad” pase a lo Real, cosa por demás imposible. Entre mejor producción tenga un video, con mejores efectos imaginarios que hagan la ilusión de que estamos ante otra realidad, se cree que estamos más cerca de lo Real. Pero no es así. La exageración de estos aspectos pasa ante mis ojos como una manera muy triste de querer revivir las palabras, de no querer dejar morir algo en nosotros mismos para acceder a una nueva guerra. Una guerra contra la enajenación, la alienación con el Otro. Claro que sin llegar al punto de romper la dicción con éste; pues sólo en él y a través de él se va a construir lo que podemos llamar un nombre propio. Y un nombre propio no es un pseudónimo ni miles, sino la posibilidad de nombres comunes instaurados en un síntoma, síntoma en que nos podemos convertir, ser un síntoma del Black metal y que éste sea un síntoma para cada uno nosotros quienes nos dedicamos al Black metal en cualquiera de sus formas, no únicamente tocando. Algo del Otro tiene que faltar para que podamos hacernos de un nombre propio. Lo opuesto al templo de palabras muertas es por supuesto, una borregada, una luz cegadora de salvación, la palabra vacía que llena todo agujero, el fanatismo, fantasmismo, el elevarse a un lugar sin escalar, o el construir algo con instructivo.

Pero aquí no acaba esto, hay muchas cosas más que decir sobre el Black metal, más ahora cuando el nombre del Black metal parece estar siendo ofrecido, sacrificado, asesinado gracias a la incertidumbre de muchos sujetos que lo utilizan –sin saberlo, obviamente- para no encarar la angustiosa realidad de que el Otro no está completo, y por consecuencia, nosotros tampoco.”

Ahora bien ¿De qué se trata esto del significante? De que las cosas no suceden nada más porque sí, no escuchamos Black metal por alguna especie de destino o por buenos gustos ni buenas decisiones. No somos autónomos en nuestras tendencias, hay algo que habla por nosotros, estamos atados a un discurso, no somos autores de un decir sino producto de Otro decir. Un ejemplo claro de la implicación del significante:

Una vez me comentaron de un sujeto al que le desagrada mucho la banda de la cual soy vocalista, a saber, Calvarium Funestus, y supongo que muchas buenas razones habría de tener para ello. En una ocasión alguien le puso a escuchar una canción de nosotros pero sin decirle qué banda era, obviamente al joven le gusta el BM, y curiosamente le gustó la canción a tal grado de decir algo así como: “Qué chingón suenan, ¿quiénes son? ¿Qué banda es?”. Muy ingrata habrá sido su sorpresa al enterarse. Bien, eso es el significante. El hecho de odiar una banda por su nombre; pero disfrutar de ella cuando no es nombrada… No es casualidad, padecemos de mal-dicción que es el lenguaje.

No podemos separar al BM del símbolo del anticristianismo, por eso será el tema que abordaremos el día de hoy. Es necesario entender de qué estamos hablando cuando nos referimos a ello.

Creo que todos han escuchado bandas de Black metal cristiano, han leído sus letras y quizá hasta hayan visto a alguna en una presentación. En mi caso sí. Pero ¿por qué hablar de black metal cristianino tratándose naturalmente de un oxímoron? ¿Por qué no mejor white metal? Porque, verán, tampoco se trata de una batalla de Dios contra el Diablo (blanco contra negro), pues esa batalla terminó hace no mucho en un empate. Ahora ambos, Dios y Diablo trabajan juntos para la dominación, pero parte de su juego es que nadie lo sepa. Así funcionan mejor ambos. Se trata de la postmodernidad y de la ideología dominante.

Quizá suene un poco conservador en este aspecto, y en parte lo soy, pero no sólo el nombre Black metal cristiano es un oxímoron; también el nombre Black metal lo es. Sin embargo hay cosas que tienen que mantenerse para marcar cierta discordancia. En efecto, el Black metal es discordante en su naturaleza, por no decir contradictorio. Aunque no debiera asustarnos tal sentencia. Si se le arranca el metal al black y se suspende en el aire, podemos entender mejor algunas cosas; no obstante, no se le puede erradicar de ningún modo, pues constituye el elemento lógico para el advenimiento del Black metal como unidad discursiva.

Behexen titula una canción bajo el nombre de “Christ forever die”, bien pudieron titularla en pasado, pero el “forever die” es lo importante. Esto implica que Cristo, el Dios cristiano, tiene que vivir en algún lado (¿De qué otro modo podría morir por siempre?), no diré que en nuestros corazones, pero sí podríamos decir que en el corazón del otro. El otro con minúscula, para distinguirlo del Otro del espacio simbólico, el Otro en el que habitamos como seres parlanchines. En el corazón de un otro que es nuestra imagen de ataque.

Luego, al ser el cristianismo un objeto de ataque imaginario, simbólico y a veces real, pasa a ser un referente. Referente en tanto guía, encamina… el odio (y por ende también el amor). Ese referente puede tomar muchas formas, ya que el otro es la condición para la constitución de nuestro yo. Por eso hay tanta variedad en el BM: Black metal anti-comunista, anticristiano, anti-humano, anti-vida, anti-anti, etc. Pues bien, hay ver que siempre en el “antialgo” hay una afirmación incómoda. ¿Por qué? Porque, como sencillamente dijo Lacan: “yo es otro”. Lo sé, lo sé, es algo a veces duro de asimilar. Ahora bien, si siempre hay algo oculto en el odio, algo que fue preciso reprimir, ¿por qué no considerar al Black metal cristiano -con su respectivo odio a Satanás- como parte también del BM? Bueno, no es fácil responder a esto, y seguro no será la única respuesta que dé, pero ya lo he dicho antes: el Black Metal está también –lamentablemente, quizá- en lo simbólico. ¿Qué significa esto? Que ya está instaurado en un Otro regulador de ciertas relaciones simbólicas. Por esa misma razón existen nociones a proiri que marcan lo absurdo: imaginen Black metal reggaetón o Black metal cumbia, por poner ejemplos. Es un absurdo total, ¿no? Pero la cosa radica en: ¿hasta qué punto podemos llegar a separarnos de la amplia gama de significantes del Otro? Esa pregunta podría ser homóloga a decir: ¿hasta qué punto se nos es permitido innovar? El Orgenlatem tiene como objetivo un reposicionamiento subjetivo de los sujetos con respecto al BM. Eso ya implica poder situarnos en el absurdo que constituye de por sí nuestro mismo ser-en-el-black-metal. Muchos se preguntarán por qué me intereso en esto. Por el simple hecho de que he visto que algo anda mal en lo que se ha entendido por Black Metal. La dialéctica entre trues y posers ha llegado a una síntesis demasiado graciosa y muchos no la notan. Cada vez hay menos sujetos que comprendan lo complejo del asunto. Cada vez hay más borregos, así se simple.

Nietzsche se vio en la necesidad de matar a Dios para dar lugar a la profecía del Übermensch, que dicho sea de paso, no remite más que una fantasía infantil. Vemos aquí la relación entre una cosa y la otra. La fantasía del Black metal es también la muerte de un padre; pero con eso no basta, pues es preciso que algo más surja para ser el soporte del odio. El Black metal sin odio no es nada, y el odio nos remite siempre a la dimensión del dolor. Hay una relación muy estrecha entre ambas cosas. El problema de la muerte de un padre, no es tanto que provoque que se levanten estatuas que acaben por aplastar a quienes las ha esculpido, sino, más bien, que aquellas estatuas nunca hayan sido de material sólido y aun así lo hayan hecho. No creo que sea necesario profundizar tanto en la cuestión de que cuando se habla de dioses nos remitimos directo a lo que en psicoanálisis conocemos por el Edipo. Y Edipo se resume en dos palabras: incesto y parricidio.

Nietzsche en “El Anticristo”, en la parte 53,  nos da unas palabras de Zarathustra, el antiguo profeta persa, que considero pertinente mencionar en esta ocasión: “Y si alguien corre al fuego por su doctrina, ¿qué prueba esto? Más verdad es que la propia doctrina surge del propio incendio”. De paso les digo que es un libro que deberían revisar, quizá para tener una especie de brújula axiológica con respecto al cristianismo, es un texto de base para el tema que estamos abordando. Aunque tampoco olvidemos que Nietzsche creía en la libertad y en una especie de división entre humanos fuertes y débiles. La verdad yo no creo en eso.

Ya lo he aclarado antes, se necesita que algo muera, que haya un vacío, para que algo surja. Se necesita de un Caos para colocar en el mundo una estrella danzante, recordando las palabras de Nietzsche. Estoy seguro que ya han escuchado en alguna ocasión la canción “The present age” de Evol, pero es importante que lean la letra, tiene mucho que ver con lo que planteo aquí. Mencionan la ausencia de Dios pero después entra el otro lado: “But gods will never die”. La idea es directa: un Dios muerto, Dioses fantasmas.

Sabemos que Europa es la cuna del Black metal, y nuestro contacto con ese otro lado del mundo fue a través del descubrimiento de América, ¿no fueron cruces precisamente las que guiaron a los navíos? En México tenemos mejores razones para odiar el cristianismo (en realidad en México tenemos mejores razones para odiarlo todo). Varg Vikernes tuvo que pedir a los policías que le maltratasen para sentir que realmente estaba haciendo un mal, que realmente le estaba causando una herida al Otro; aquí, en cambio, cualquiera de ustedes que entre por algún motivo a la cárcel encontrará algún santo al cual rezarle.

Digamos que el argumento más común es: si Europa nos vino con el cristianismo, el verdadero BM mexicano debe apuntar a lo prehispánico. El problema es que escuchar Black metal ya conlleva cierto grado de malinchismo. No se asusten, eso no quiere decir que no podamos amar nuestra tierra, patria o como quieran llamarle. Pero hay que aceptar que no caímos en el mejor lugar del mundo. No obstante, por un lado vemos a un gran número de sujetos exaltando una identidad de BM mexica(no) basada en el indigenismo (sin darse cuenta que México ya se dice en castellano), encontrando la obvia conexión entre los distintos paganismo que ha habido en el mundo. Es algo así como una identificación no pronunciada por los sujetos. A veces rezaría más o menos así: “Tengo una identificación con el modelo europeo, pero racionalmente sé que soy muy distinto, así que el objeto de identificación inconscientemente es desplazado a un buen sustituto del primero para no generarme angustia”. Por suerte no siempre es así. Aunque este planteamiento se encontraría obvio si entendemos que la idea del BM prehispánico surgió de escuchar el BM europeo. Es claramente lo más normal, ante una incertidumbre de la identidad, encontrar una suerte de solución en la tierra donde se tienen los pies puestos. No hay base más sólida para una realidad tambaleante. Pero la verdad, la triste verdad del Black metal mexicano es que el Black metal nos vino desde el mar. El Black metal tiene más relación con el mar que con la tierra; sobre el mar sólo Cristo puede caminar. En el Black metal debemos ahogarnos, ahogarnos en un mar que sea símbolo de una nada perpetua. Para el Black metal mexicano tener los pies demasiado puestos en la tierra es un problema evidente.

Debo aclarar de paso que no tengo nada en contra del Black metal prehispánico, me parece una buena corriente, si se le puede llamar así; aunque lo desagradable es cuando pasa a ser un movimiento cuasi nacional socialista. Una cosa es tener una inclinación por la cultura prehispánica por diversos motivos y simplemente querer fusionar eso con el Black Metal, que es totalmente correcto, y otra muy distinta es querer llevar eso a una guerra contra los no-aztecas. Sé que es difícil asimilarlo pero somos un pueblo mestizo que no tiene los pies bien puestos en ningún lado. Y la solución a ello no es aferrarse a una identidad nacional construida de muchas formas y con muchos fundamentos imaginarios. La experiencia nos dice que eso no funciona en lo absoluto. ¿Y qué tal si optamos por lo contrario? O sea, la destrucción de toda tentativa de identidad mexicana y utilizar ese vacío para construir un lugar desde el que el BM pueda hablar con más propiedad.  Si nuestra lengua materna es el castellano, entonces lo prehispánico sólo puede existir cuando se escribe: (pre)hispánico. Es así como lo propongo.

El Black metal prehispánico es una respuesta a la angustia que provoca que seamos un pueblo fundado en un sabotaje que no deja de mostrarnos sus huellas en cada instante, para esto les remito a que lean el texto de Eduardo Galeano “Las venas abiertas de América Latina”, una obra llena de verdad y brillo poético. La conquista española nos trajo lo que el Black metal combatió desde un comienzo, a saber, la cruz. Es doloroso aceptar que somos un pueblo conquistado por cristianos y más doloroso es quejarse de ello en castellano. El problema es que tampoco somos aztecas y la tierra no es lo más importante para determinar una raíz, o sea que también hay sangre –lamentablemente quizá- española en nosotros. Si lo vemos así es curioso que existan muchas bandas de BM prehispánico y ninguna de BM hispánico: ahí entra la prueba de que el malinchismo es más real cuando es (de)negado. ¿Se dan cuenta de la ironía? A veces es más oportuno ser cínicamente malinchista. Aunque tampoco se trata de eso. Hay bandas de Black metal mexicano que hablan de paganismo europeo en sus letras. No sería problema si se tratara de caotas, o sea de sujetos que ejercen la magia del Caos; pero sí es problema cuando se trata –como generalmente- de sujetos que simplemente quieren ser noruegos, suecos, alemanes. Obviamente ahí entra una enajenación en el plano imaginario. Pero no nos vayamos siempre por la lectura ingenua: también se puede fundar una identidad simbólica a partir de ello. Todo depende de aquello a lo que le doy el mayor énfasis: la historia personal de cada sujeto.

Aparte de la corriente indigenista hay otra que exalta a México como nación mestiza. Se trata más bien de una cuestión nacionalista. La raza no importa tanto, más bien les importa la bandera. Habrá muchos que se inclinen por este camino y eso nos aporta variedad. En lo personal no es lo que yo sigo, ninguna de mis letras alabará a México nunca. Para mí México es un error. Aunque bueno, el malestar no es mío ni del mexicano, es de la humanidad en general. Recuerden el diálogo que tiene Renton en Trainspotting acerca del hecho de ser escocés. Un amigo que también vio esa escena simplemente no podía creer por qué alguien habría que quejarse de ser escocés. Nuevamente debo mencionarles que es cosa de significantes. Yo opto por la misantropía, otros pueden optar por otras cosas, es necesaria cierta pluralidad en el BM; pero también es necesario saber nuestra posición subjetiva con respecto a lo que seguimos y queremos hacer. Saber qué parte de nuestra historia está implicada; saber que siempre hay algo de verdad tras la ficción. El Black metal también es una ficción. Hay que saber escuchar la verdad que pronuncia.

El Black Metal es un subgénero del metal que no debe incluirse en los otros puesto que tiene lo que ninguno, ideología. El Black Metal para muchos no es sólo música, es culto. Se trata de llevar la no-vida al extremo.

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